Por Beatrice Pieper Directora de Uakix te Cuenta
La carrera hacia el éxito no tiene meta. Tiene una zanahoria.
Nos han enseñado a perseguir el éxito como si en algún momento fuéramos a llegar. Pero cada vez tengo más claro que esa carrera no termina nunca: siempre está un poco más adelante.
Cuando facturas una cantidad, deberías facturar el doble. Cuando consigues clientes, necesitas más. Cuando consigues visibilidad, necesitas autoridad. Cuando tienes autoridad, tienes que escalar. Cuando escalas, tienes que internacionalizarte. Cuando tienes diez mil seguidores, empiezas a mirar a quien tiene cien mil.
Nunca llegas. Siempre falta algo.
Y quizá por eso últimamente me hago una pregunta diferente:
¿Y si en lugar de buscar tanto éxito empezáramos a buscar más sabiduría?
- Sabiduría para conocernos.
- Para saber qué queremos y también qué no queremos.
- Para distinguir un deseo propio de un deseo que alguien ha colocado delante de nosotros.
- Para saber cuándo seguir corriendo y cuándo bajarnos de la carrera.
- Para poder decir "esto es suficiente para mí" sin sentir que hemos fracasado.
Eso, para mí, se parece bastante más al éxito. Porque, además, éxito ya tenemos: estamos vivos. Nos levantamos cada mañana y respiramos. Y ahora mismo tú estás leyendo algo que yo he escrito; algo de mí ha conseguido llegar hasta ti.
Me cuesta aceptar que el valor de una vida o de una empresa pueda medirse exclusivamente por cuánto produce, cuánto factura, cuánto crece o cuántas personas la reconocen.
¿En qué momento dejamos de confiar en nuestro propio criterio?
Estamos rodeados de personas diciéndonos cómo deberíamos hacer prácticamente todo: cómo llevar nuestro negocio, cómo liderar, cómo comunicar, cómo organizar el tiempo, cómo construir la marca personal, cómo vender, comer, criar, envejecer, sanar, vestirnos, pensar o tener éxito.
Hay un protocolo para casi cualquier aspecto de nuestra existencia. Y detrás de muchos de ellos parece existir una idea bastante extraña: que tú no tienes suficiente criterio para descubrir cómo debería funcionar tu propia vida o tu propia empresa.
Ahí es donde empiezo a tener un problema. Porque no somos iguales. Ni remotamente.
Podremos discutir los diferentes modelos (astrología, eneagrama, biotipos, psicología o genética), pero todos parten de una evidencia que vemos al mirar alrededor: las personas somos radicalmente diferentes.
Nuestras experiencias, capacidades, heridas, deseos, ritmos y maneras de relacionarnos con el mundo son distintas. Entonces, ¿por qué deberíamos dirigir una empresa igual? ¿Por qué deberíamos comunicar igual? ¿Por qué tendría que existir una fórmula universal para tener éxito?
La trampa de la homogeneización y el marketing de molde
La homogeneización tiene dos explicaciones.
La explicación amable es funcional: los sistemas necesitan simplificar. Es más fácil medir si podemos clasificar, vender si podemos segmentar y gestionar organizaciones si existen procedimientos. Lo entiendo.
Pero existe también una lectura menos amable: cuanto más homogéneos somos, más fáciles somos de clasificar, predecir, dirigir y controlar. Una persona que no sabe quién es, pero sabe perfectamente qué coche debería tener, cuánto debería facturar y cómo debería mostrarse, es una persona muy fácil de conducir. Una persona con criterio propio que sabe decir "eso no lo quiero", bastante menos.
El resultado es el mismo: personas distintas intentando convertirse en la misma persona, y empresas completamente diferentes intentando convertirse en la misma empresa.
Todos intentando diferenciarnos de la misma manera
La paradoja del marketing actual me fascina. Nos dicen constantemente que tenemos que diferenciarnos, y a continuación nos explican exactamente cómo debemos hacerlo:
- Mismo storytelling.
- Mismos embudos y estructuras de publicación.
- Mismas «5 claves» y mismos «errores que estás cometiendo».
- Misma obsesión por convertirnos en «referentes».
Acabamos todos dentro de una enorme sopa de letras. Puedes escribir las tuyas en mayúsculas o negrita, pero si dices lo mismo, de la misma forma y persiguiendo los mismos objetivos, sigues dentro de la sopa.
Extraer valor de las sombras: el origen del conocimiento genuino
Estamos viviendo tiempos de muchísima incertidumbre y no creo que la solución sea fabricar más personajes perfectos. Necesitamos personas con conocimiento, investigación, experiencia, criterio, preguntas incómodas y humanidad.
La humanidad tiene luces y sombras. No somos únicamente generosidad y belleza; también somos ego, miedo, contradicción, dolor y errores. No debamos esconder una mitad para construir una imagen impecable. Prefiero preguntarme: ¿qué tesoro hemos conseguido sacar de nuestras sombras?
- De una enfermedad puede surgir una investigación.
- De una injusticia, una causa.
- De un fracaso, un conocimiento.
- De una pregunta que nadie respondía, una empresa.
Eso sí me interesa hacerlo visible. Y aquí es donde entran los medios de comunicación.
¿Realmente tu proyecto necesita salir en prensa?
Creo profundamente en el poder de los medios para amplificar ideas que merecen entrar en la conversación pública. Pero no creo que todo el mundo tenga que salir en prensa.
Y esto, siendo directora de un gabinete de prensa, quizá no sea la mejor frase comercial. Pero es exactamente lo que pienso:
- No todo negocio necesita medios.
- No todo proyecto tiene una historia periodística.
- No toda persona debe convertirse en referente.
- No todo producto tiene algo que aportar a la sociedad.
Para vender humo puedes pagar. Puedes comprar espacio, contratar campañas y fabricar un personaje. Pero el humo desaparece y deja exactamente la misma huella: ninguna.
Por eso mi trabajo no empieza preguntándote "¿en qué medios quieres salir?". Empieza con otra pregunta previa: ¿Tiene realmente sentido que salgas en medios?
El Informe de Viabilidad Mediática: filtrar para proteger la verdad
Antes de intentar conseguirte una entrevista, necesito entender quién tengo delante: qué has creado, qué has investigado, qué has vivido y qué parte de lo que haces puede interesar a alguien más allá de ti o de tus clientes.
Por eso planteo primero un Informe de Viabilidad Mediática.
Y quizá te diga que no. Que ahora mismo no veo recorrido, que tienes un buen producto pero no una historia periodística, o que los medios no son tu camino. Saberlo también es un éxito: te has quitado otra zanahoria de encima.
Pero también puede ocurrir justo lo contrario:
- Que lleves años haciendo algo tan integrado en tu vida que ya no seas capaz de ver lo extraordinario que resulta desde fuera.
- Que estés intentando comunicar una cosa cuando tu verdadero valor está en otra.
- Que hayas escondido lo que te hacía genuino porque algún protocolo te convenció de que no encajaba.
Ahí empieza la parte de mi profesión que más me gusta: encontrar desde dónde puedes aportar de verdad.
Si has creado un proyecto que mejora una parte de la sociedad, si llevas años investigando algo que merece conocerse, si tienes una voz propia y algo verdadero que decir... entonces voy a mover Roma con Santiago para que esa voz se escuche.
Pero no voy a hacerlo convirtiéndote en otro personaje prefabricado ni quitándote las aristas. Quiero que puedas estar ahí desde un lugar seguro, protegido y propio.
Quizá llevamos demasiado tiempo persiguiendo la palabra equivocada. Nos dijeron busca el éxito. Yo cada vez tengo más claro que prefiero otra: busca sabiduría. El éxito siempre coloca otra zanahoria un poco más lejos; la sabiduría te enseña cuándo dejar de correr y disfrutar del camino.
💬 ¿Hablamos de la viabilidad de tu historia?
Si quieres saber si tu proyecto, libro, investigación o causa tiene una historia con valor mediático real antes de invertir tiempo y recursos en comunicación, podemos analizarlo juntos sin compromisos comerciales vacíos.
👉Solicita tu Informe de Viabilidad Mediática en Uakix te Cuenta


