Una reflexión sobre emprendimiento, comunicación estratégica y por qué los perfiles genuinos siguen siendo los más interesantes para los medios.


Durante mucho tiempo, en una empresa el mapa lo ponía la dirección. Podía ser el fundador, la directora, el gerente, la jefa de equipo o quien asumiera la responsabilidad de decidir hacia dónde iba el proyecto.

Esa persona marcaba las metas, definía prioridades, asumía riesgos y decía, con mayor o menor acierto: “vamos por aquí”.

Después venían las áreas de apoyo: comunicación, ventas, publicidad, relaciones públicas, diseño, administración. Cada una ayudaba a que esa visión llegara al mercado, a los clientes, a los medios de comunicación o a la sociedad.

Pero algo ha cambiado.

Hoy, en muchos proyectos pequeños, marcas personales y emprendimientos, da la sensación de que ya no es la persona emprendedora quien marca el camino. Es el marketing.

Y no me refiero al marketing como herramienta útil, que lo es. Me refiero al marketing cuando deja de estar al servicio del proyecto y empieza a ocupar el lugar de la dirección.

Entonces, antes de preguntarnos qué queremos crear, qué sentido tiene nuestra propuesta, qué problema real resolvemos o qué mundo queremos ayudar a construir, aparecen otras preguntas:

¿Qué está funcionando ahora?
¿Qué gancho uso?
¿Qué formato convierte más?
¿Qué promesa vende?
¿Qué tipo de contenido posiciona?
¿Qué secuencia hay que seguir?

Todas esas preguntas pueden ser legítimas. El problema llega cuando son las únicas preguntas. Porque entonces el proyecto deja de nacer de una visión y empieza a construirse desde una fórmula.

Y cuando demasiadas personas siguen la misma fórmula, ocurre algo bastante evidente: todo empieza a parecerse demasiado.


La nueva homogeneización del emprendimiento

Lo vemos cada día.

Se homogeneiza el aspecto.
Se homogeneiza la forma de hablar.
Se homogeneizan las palabras.
Se homogeneiza la manera de presentarse, de vender, de contar la historia personal, de mostrar vulnerabilidad, de explicar el propósito, de construir autoridad y hasta de sonreír en las fotos.

De pronto, muchas marcas personales parecen haber salido de la misma plantilla, aunque cambien los colores, el logo o el peinado.

Y no es casualidad.

Si todos preguntamos qué formato convierte más, acabaremos usando los mismos formatos.

Si todos preguntamos qué palabras posicionan, acabaremos usando las mismas palabras.

Si todos preguntamos qué promesa vende, acabaremos prometiendo cosas muy parecidas.

Si todos preguntamos qué tono no incomoda, acabaremos hablando desde una corrección cada vez más estrecha.

Y entonces nadie saca los pies del tiesto.

Nadie quiere sonar raro. Nadie quiere parecer demasiado complejo. Nadie quiere decir algo que pueda no gustar al algoritmo, al mercado, al cliente ideal o al discurso dominante del momento.

Así, poco a poco, la comunicación se vuelve correcta, previsible y funcional. Pero también pierde algo fundamental: voz propia.


Cuando todos los perfiles empiezan a sonar igual

Esto en los medios de comunicación se nota muchísimo.

Para un gabinete de prensa, lo más interesante no es encontrar una marca personal perfecta. Lo interesante es encontrar un perfil genuino. Alguien con recorrido, mirada, contradicciones, experiencia, criterio y algo propio que aportar.

Porque los periodistas, los lectores y los oyentes no buscan más clones con una promesa bien empaquetada. Buscan voces que les cuenten algo distinto, que abran una conversación, que aporten una mirada, que tengan una historia detrás.

Cuando muchos perfiles hablan igual, se visten igual, usan los mismos conceptos y explican su propuesta con el mismo lenguaje aprendido, para los medios todo empieza a sonar igual.

Un coach parece otro coach.

Una mentora parece otra mentora.

Una consultora parece otra consultora.

Una terapeuta parece otra terapeuta.

Una experta en marca personal parece otra experta en marca personal.

Una emprendedora consciente parece otra emprendedora consciente.

Y no porque no haya diferencias reales entre ellas, sino porque el marketing ha lijado esas diferencias hasta volverlas casi invisibles.


Las palabras de moda también construyen uniformes

Hay otro punto delicado: el lenguaje.

No solo usamos palabras porque expresan lo que queremos decir. Muchas veces usamos palabras porque posicionan, porque están de moda, porque suenan bien, porque no se censuran, porque encajan con cierto clima cultural o porque transmiten una imagen aceptable.

Entonces aparecen los mismos términos una y otra vez: propósito, abundancia, liderazgo consciente, transformación, autenticidad, comunidad, expansión, impacto, sanar, elevar, desbloquear, sostener, empoderar, reinventarse, habitar, honrar, acompañar.

Algunas son palabras valiosas. El problema es que, usadas sin raíz, empiezan a sonar huecas.

También ocurre con ciertos estilos expresivos de moda: ese tono excesivamente cuidadoso, terapéutico, suave, inclusivo, emocionalmente correcto, donde todo parece dicho para no incomodar a nadie.

Una cosa es comunicar con respeto.

Otra muy distinta es amputar toda arista para encajar en lo aceptable.

Cuando el lenguaje se vuelve demasiado calculado, deja de revelar a la persona y empieza a revelar la estrategia.

Y eso los medios lo perciben. El público también.

Puede que no lo diga con estas palabras, pero lo siente:

“Esto ya lo he oído antes.”


Del jefe al algoritmo

Antes, en una empresa clásica, podía haber un jefe que marcaba el camino. Con sus luces y sus sombras. A veces con visión. A veces con rigidez. Pero había una estructura visible. Sabías quién decidía.

Ahora, en muchos emprendimientos, parece que no manda un jefe. Manda una mezcla de algoritmo, gurú de marketing, tendencia de redes, promesa de facturación, palabras posicionables y miedo a quedarse fuera.

Y lo más curioso es que parece libertad.

Nadie te obliga. Nadie te dice desde un despacho: “hazlo así”.

Pero si quieres vender, posicionarte, ganar visibilidad o ser tomada en serio, empiezas a sentir que debes seguir determinados pasos.

Publica así.
Habla así.
Haz vídeos así.
Cuenta tu historia así.
Muestra vulnerabilidad así.
Cierra la venta así.
Crea comunidad así.
Escribe un libro para demostrar tu expertise.
Diseña tu método.
Ponle nombre a tu proceso.
Haz un lanzamiento.
Automatiza.
Escala.

Y al final muchas marcas que nacieron para ser libres terminan obedeciendo otro tipo de estructura. Una estructura más moderna, más estética, más emocional, más digital.

Pero estructura al fin y al cabo.


Cuando el marketing deja de acompañar y empieza a mandar

El marketing debería ayudar a comunicar mejor un proyecto. Debería ordenar el mensaje, aclarar la propuesta, facilitar que el público entienda el valor de lo que se ofrece y ayudar a conectar con las personas adecuadas.

Pero cuando el marketing marca el rumbo, ocurre algo distinto.

El proyecto ya no se pregunta:

¿Qué quiero aportar?
¿Qué sentido tiene esto?
¿Qué experiencia real hay detrás?
¿Qué problema quiero iluminar?
¿Qué conversación quiero abrir?
¿Qué valores no quiero traicionar?

Empieza a preguntarse solo:

¿Qué se vende mejor?
¿Qué formato funciona más?
¿Qué frase genera más clics?
¿Qué tendencia tengo que seguir?
¿Qué promesa suena más atractiva?

Y entonces la comunicación deja de ser expresión para convertirse en adaptación.

Adaptación al algoritmo.
Adaptación al mercado.
Adaptación a la tendencia.
Adaptación a lo que no molesta.
Adaptación a lo que supuestamente convierte.

El problema no es adaptarse. Todo proyecto necesita escuchar el contexto.

El problema es desaparecer dentro de esa adaptación.


También los medios se han vuelto más previsibles

Conviene decir algo que quizá incomode: no solo se están homogeneizando los emprendedores, las marcas personales o los proyectos que buscan visibilidad. También muchos medios de comunicación han entrado en esa misma lógica.

Las redacciones están llenas de periodistas jóvenes, muchas veces con poca experiencia, mucha presión, poco tiempo, sueldos mejorables —por decirlo con elegancia— y una línea editorial que no siempre depende solo del criterio periodístico, sino también de socios, anunciantes, intereses comerciales, acuerdos institucionales, métricas y dependencias económicas.

Y claro, eso también se nota.

Muchos medios suenan previsibles porque trabajan bajo una presión enorme: captar atención, generar clics, no molestar demasiado a determinados intereses, no salirse del marco aceptado, publicar rápido, seguir tendencias, repetir enfoques que ya han funcionado y evitar temas que incomoden más de la cuenta.

A veces no falta talento. Falta tiempo, margen, libertad y profundidad.

Pero, por suerte, todavía quedan periodistas que preguntan de verdad. Periodistas que no se conforman con repetir una nota de prensa. Que leen entre líneas. Que investigan. Que buscan una buena historia. Que quieren escribir algo interesante para sus lectores, no solo rellenar un hueco en la parrilla de contenidos.

Y ahora mismo, esa función también la están haciendo muy bien algunos podcasts.

Hay podcasts que están recuperando algo que muchos medios han ido perdiendo: la conversación larga, la curiosidad real, el tiempo para escuchar, la posibilidad de acercarnos a personas y personajes interesantes, complejos, genuinos, difíciles de encajar en una etiqueta rápida.

Ahí hay una oportunidad enorme.

Porque un buen gabinete de prensa no consiste solo en “mandar notas” o “promocionar algo”. Eso sería quedarse en la superficie.

Un gabinete de prensa, cuando trabaja bien, abre caminos.

Abre caminos entre un proyecto y los medios. Entre una historia y un periodista. Entre una propuesta y una audiencia. Entre una persona que tiene algo importante que decir y alguien dispuesto a escucharlo, preguntarlo y compartirlo.

En Uakix te Cuenta, al menos, esa es la mirada: no se trata solo de promover libros, eventos, productos, documentales, proyectos o denuncias. Se trata de despertar curiosidad. De encontrar el ángulo. De hacer visible lo que tiene valor. De tocar esa fibra que hace que un periodista piense:

“Aquí hay algo.”

Porque los medios no siempre saben lo que están buscando hasta que alguien se lo presenta bien.

Y ahí está parte del oficio: no imponer, no gritar, no vender humo, sino abrir una puerta. Hacer posible que una historia encuentre a quien quiera contarla.


El riesgo de volverse demasiado correcto

Muchas veces, cuando una persona sigue demasiado fielmente el mapa del marketing, acaba suavizando todo lo que la hacía interesante.

Quita lo raro.
Quita lo incómodo.
Quita lo demasiado personal.
Quita lo que no encaja en el nicho.
Quita las dudas.
Quita la complejidad.
Quita las contradicciones.
Quita la historia real.

Y lo sustituye por un discurso profesional, alineado, claro, estratégico y bastante previsible.

Pero los medios no suelen enamorarse de lo previsible.

Lo previsible puede servir para una página de ventas. Para una secuencia de correos. Para un carrusel bonito. Para un anuncio.

Pero para prensa hace falta otra cosa.

Hace falta historia.
Hace falta contexto.
Hace falta verdad.
Hace falta tensión narrativa.
Hace falta una mirada.
Hace falta una diferencia real.

Y la diferencia rara vez aparece cuando todo está demasiado domesticado.


Por qué los perfiles genuinos interesan más a los medios

Desde un gabinete de prensa esto es clarísimo: lo más potente para promover en medios no es el perfil que mejor ha seguido una fórmula, sino el perfil que tiene algo propio que decir.

Una buena comunicación no consiste en convertir a alguien en una copia más vendible. Consiste en encontrar su verdad comunicable.

Puede haber estrategia, por supuesto. Puede haber nota de prensa, dossier, argumentario, preparación de entrevistas, enfoque mediático y planificación. Pero todo eso debería estar al servicio de una voz, no sustituirla.

Porque un periodista no busca rellenar el escaparate de una marca personal. Busca temas, enfoques, testimonios, datos, experiencia, pensamiento, actualidad, conflicto, preguntas sociales y personas capaces de aportar conversación pública.

Y si todos los perfiles parecen el mismo perfil, dejan de ser noticia.

Por eso, para un gabinete de prensa, los perfiles genuinos son oro.

No porque sean perfectos.

Precisamente porque no lo son.

Tienen historia.
Tienen aristas.
Tienen recorrido.
Tienen una manera propia de mirar.
Tienen una experiencia que no cabe del todo en una plantilla.
Tienen algo que no se puede fabricar en una semana de estrategia intensiva.

Y eso, bien trabajado, puede convertirse en comunicación de verdad.


Comunicación estratégica no es sonar como todos

En Uakix te Cuenta trabajamos desde una idea muy sencilla: comunicar bien no es hacer más ruido. Es encontrar el mensaje adecuado, el ángulo adecuado y el lugar adecuado para cada historia.

La comunicación estratégica no debería borrar la singularidad de un proyecto. Debería hacerla comprensible.

No debería convertir una voz propia en un discurso genérico. Debería afinarla.

No debería obligar a todos los proyectos a sonar igual. Debería ayudar a que cada uno encuentre su forma pública.

Por eso, cuando trabajamos una nota de prensa, un dossier, una campaña de visibilidad o una propuesta para medios, la pregunta no es solo:

¿Cómo lo vendemos?

La pregunta es también:

¿Qué hay aquí que merece ser contado?

Esa diferencia cambia todo.

Porque una cosa es vender una apariencia.

Y otra muy distinta es comunicar una historia con verdad, contexto y sentido.


La pregunta incómoda para cualquier proyecto

Quizá la pregunta que todo proyecto debería hacerse no es solo:

¿Cuál es mi estrategia de marketing?

Sino también:

¿Quién está decidiendo realmente el camino de mi proyecto?

¿Lo decido yo desde mi experiencia, mis valores, mi visión y mi conocimiento del terreno?

¿O lo está decidiendo una fórmula externa que me dice cómo debo hablar, vender, mostrarme, prometer y medir mi éxito?

Porque una cosa es usar el marketing.

Y otra muy distinta es ser usado por él.


Volver al criterio

No se trata de rechazar el marketing. Se trata de devolverlo a su lugar.

El marketing debería ayudar a comunicar una visión, no sustituirla.

La comunicación debería dar forma a una verdad, no maquillarla hasta que parezca otra cosa.

La estrategia debería ordenar el camino, no borrar la singularidad de quien lo camina.

Y un gabinete de prensa debería hacer precisamente eso: ayudar a que lo genuino encuentre una forma pública, clara y noticiable.

Porque en un mundo donde demasiadas marcas empiezan a hablar igual, los perfiles con voz propia se vuelven más necesarios que nunca.

No hace falta gritar más.

Hace falta sonar menos igual.


Volver a despertar curiosidad

Quizá este sea uno de los grandes retos actuales de la comunicación: volver a despertar curiosidad en un mundo saturado de fórmulas.

Curiosidad en quienes emprenden, para que no renuncien a su voz propia.

Curiosidad en los medios, para que no se queden solo con lo que ya suena aceptable, rápido o previsible.

Curiosidad en los periodistas, para que quieran preguntar un poco más, mirar un poco más hondo y encontrar historias que merezcan ser compartidas.

Y curiosidad en el público, que también está cansado de leer siempre lo mismo con distinto envoltorio.

Porque comunicar bien no es repetir lo que funciona.

Comunicar bien es encontrar lo que late debajo de un proyecto, darle forma, hacerlo comprensible y acercarlo al lugar adecuado.

Un gabinete de prensa no debería convertir a nadie en una copia más. Debería hacer justo lo contrario: ayudar a que lo genuino encuentre su camino hacia los medios.

En un tiempo donde demasiadas marcas, discursos y perfiles empiezan a sonar igual, quizá lo más valioso no sea parecer impecable.

Quizá lo más valioso sea tener algo verdadero que contar.

Y quizá recuperar una pregunta sencilla pero poderosa:

¿Estoy comunicando lo que soy y lo que he venido a aportar, o estoy repitiendo el mapa que alguien me vendió como si fuera mi destino?


¿Tu proyecto suena demasiado parecido a todos los demás?

En Uakix te Cuenta ayudamos a proyectos culturales, editoriales, sociales, ecológicos, de salud, desarrollo personal y pensamiento crítico a encontrar su relato, ordenar su mensaje y llegar a los medios desde un lugar más claro, más honesto y más noticiable.

Trabajamos con notas de prensa, dossiers, estrategias de visibilidad, enfoque mediático, contacto con periodistas, preparación de entrevistas y acompañamiento en campañas de comunicación.

Porque no todos los proyectos necesitan sonar más fuerte.

Algunos necesitan sonar más verdaderos.

Beatrice Pieper
Fundadora y directora de Uakix te Cuenta
Gabinete de prensa para proyectos con propósito
Comunicación · Cultura · Salud · Sociedad · Medioambiente

Si sientes que tu proyecto tiene algo valioso que contar, pero todavía no has encontrado el relato adecuado para llegar a medios, podemos ayudarte a ordenar el mensaje, encontrar el ángulo y abrir camino.

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